Ideas para la Memoria

Ideas para la Memoria es un espacio en el que nos volcaremos a proponer reflexiones, opiniones y propuestas en torno al trabajo de defensa y promoción de la memoria y los derechos humanos.

Como espacio de memoria, nos parece pertinente irradiar las ideas y constataciones que surgen de nuestro quehacer. Es para nosotros un deber compartirlas con la comunidad y, de ese modo, provocar un debate sano, constante y enriquecedor en torno a desafíos y apuestas que el trabajo por los derechos humanos y la memoria nos pone a diario.

Sabemos de nuestros errores, pero también vemos frutos. Por ello, como Memorial Paine queremos que la cosecha diaria de nuestro hacer sea bienestar de todas y todos. Para garantía efectiva de la NO REPETICIÓN. Para un cierto NUNCA MÁS.

La memoria -dijo certeramente alguien por allí- es un terreno en disputa. Y en nuestro territorio, bien sabemos cuánto hemos perdido en ello, pese al tesón y digna batalla en su defensa que muchas y muchos han brindado. He ahí el desafío, entonces, de seguir poniendo fuerza, convicción y, sobre todo, ideas para asegurar su promoción y buen resguardo.

¡La memoria NO se rinde!


¡Que sonría la memoria!

por Marcelo Garay Vergara, Periodista, Área de Comunicaciones Memorial Paine (septiembre 30 de 2022)

¿Dónde está la Memoria? ¿De quién es la memoria? ¿Qué tiene o debe tener la memoria? ¿Qué la falta a la Memoria? Todas estas son algunas de las interrogantes o inquietudes que me ha dejado el libro La Manito Muerta, de Daniel Silberman, cuya última presentación en Chile acogimos con gratitud en Memorial Paine. Responderlas no es mi pretensión.

Precisamente, en este libro, a mi parecer, se conjugan esas y otras inquietudes, por cuanto las memorias que propone, en lo personal, me resultaron comunes. Pero al mismo tiempo distintas. Y he allí el valor que le arrojo a la experiencia de enfrentar la narrativa de estas memorias que La Manito Muerta contiene.

A mi juicio, lo común, lo que nos reúne en estas memorias aquí plasmadas, no son necesariamente subjetivas. Más bien, desde mi punto de vista, la memoria y la narrativa colectiva presentes en esta obra contienen adjetivos por la mayoría conocidos y compartidos.

La memoria se hizo de rabia; la memoria tuvo miedo. Y cuando fue dejando atrás ese miedo se hizo firme herramienta de lucha y resistencia. Y en ese sentido, nuestras memorias se hicieron de mucha y necesaria épica. Por lo mismo, en su momento, fueron capturadas, cooptadas, monopolizadas; partido-politizadas sobre la base de una narrativa de la “medida de lo posible” que posibilitó que -durante 30 años- el Nunca Más fuera, simplemente, humo.

Y entonces, (cuando ya nada se había hecho por verdad ni justicia) ocurrió que se validó y tomó más asunto la (y las) memorias del martirio; la memoria del dolor. Y en cierto modo, quien sabe con qué espurios propósitos, se le quiso hacer parecer resistencia.

Pero también es cierto, y muy cierto, que la memoria es porfiada; testaruda. Y en esa lógica, siempre hubo esperanza de una memoria fructífera. La memoria no se rinde hemos dicho desde Paine, precisamente, cuando quieren proponerla “para el futuro” como si lo que todo lo que la precede debiera quedar allí y partir desde cero.

Lo que sostengo, porque se aprecia y se puede encontrar en estos relatos cortos de una larga dictadura, es lo que personalmente creo que les hace falta a nuestras memorias: anécdota; cosa que en ningún caso significa negarle su épica intrínseca. Pero hace falta anecdotizarlas. No para hacerla chabacana ni banal; en ningún caso. Lo que intento decir es que a nuestra memoria – a nuestras memorias- hay que proponerle sonrisas, ponerles más ternura; nanas de cebolla, a decir de Miguel Hernández, porque ha sido demasiado el dolor; en demasía el martirio.

En estos relatos hay de eso. En otros también. Por eso sigue siendo un noble desafío impregnarle más alegría, todavía más dignidad al relato de nuestras memorias. En otras palabras, hacer que el horror y el odio sigan habitando el lugar y corazón de genocidas, torturadores y cómplices activos y silenciosos de los crímenes, y no los nuestros.

Emprender ese camino, al menos en la experiencia de Memorial Paine y otros sitios y espacios de memoria hermanos, lo facilita la pedagogía de la memoria; de nuestras memorias. Eso lo creemos con máxima certeza y lo ponemos en práctica.

¿Qué diablos tiene que ver todo esto con La Manito Muerta?

Pues que ofrece esas luces. Tiene anécdota, cuando una niña se enfada con su núcleo familiar porque no tiene modo de saber (ni contar a sus amigos) sobre ese señor que se oculta en el baño. Humaniza al recordado gerente de una empresa estatal, cuando su hija se encuentra con quienes le conocieron y recibe el relato de una noche de juerga en que, algo ebrio, ese padre pasó las llaves del automóvil a compañeros de trabajo y éstos se fueron a una casa de remolienda. Tiene anécdota, cuando La Manito Muerta abre su curso de navegación con la historia de una vieja pistola Glisenti. En tanto narrativa de la memoria, resulta atractivo que el horror te lo relate una casa y no quienes lo padecieron.

Buena opción, a mi juicio, esa apuesta narrativa. Porque, insisto, humaniza a quienes recordamos. Los hace memoria viva y presente; no dioses ni héroes. Los reconoce en su calidad más simple e imperfecta. Y desde allí trascienden sin alterar sus humildes vestimentas, su apego a las cosas sencillas que la vida les concedió material y espiritualmente. Siguen siendo los y las de carne y hueso que soñaron y protagonizaron transformaciones inéditas a lo largo del territorio.

Apostar por proponerle sonrisas, caricias y alegría a nuestras memorias es una opción que no abandona la verdad histórica. No es una vuelta de página. Es simplemente explorar en una dimensión que la haga atractiva, tangible y transferible, pese a la subjetividad que la acompaña, para fortalecer así la capacidad de disputar la hegemonía de las memorias ‘institucionales’ y ‘emblemáticas’.

Por eso, me quedo con aquel postulado de que la “memoria es un territorio en disputa, que involucra luchas, batallas, tensiones, porque en la construcción y significación de ese pasado se está jugando la edificación del presente y del futuro como un acto subversivo y como una impertinencia ante el olvido disciplinador”.

Gracias Daniel Silberman por compartirnos estas memorias. Hay retos y desafíos a partir de esa narratividad que la memoria debe tener. Sobre todo, ahora que nos volaron los ojos para que, entre otras cosas, no pudiéramos contemplar serenos nuestra viva memoria.

Gracias, Daniel. ¡Hay esperanza!


 

Vencer el terror y no olvidar

por Tania Larraín Garrido, presidenta del directorio de Corporación Memorial Paine (septiembre 13 de 2022)

Se me hace muy difícil hilar palabras coherentes en este momento y, de hecho, llevo días pensando qué decir. Particularmente, porque este 11 de septiembre nos encontramos de golpe con la historia. Y mientras vivimos el duelo por un proceso constituyente infructuoso que duró casi 3 años, también conmemoramos el término de los mil días del gobierno del Presidente Salvador Allende. Mil días que comenzaron paradójicamente un 4 de septiembre. El mismo día que -este 2022- pudo habernos llevado al comienzo de un Chile más justo, así como hizo el gobierno de la Unidad Popular, que encaminó a nuestro pueblo a una primavera que alcanzó todo el territorio, incluso nuestra comuna, la que vivió profundas transformaciones por el proceso de Reforma Agraria.

Soy nieta de la lavandera y de un peón del Fundo Santa Victoria de Paine. Escuché de primera mano cómo la reforma agraria cambió las condiciones de vida del campesinado. Y aprendí también, muy joven, las consecuencias que tuvo para 70 familias soñar un Chile diferente. Aprendí cómo madres, esposas, hijas e hijos sufrieron las consecuencias de la venganza patronal. Cómo las mujeres debieron salir en búsqueda de sus compañeros y, desde aquí, mi solidaridad con tantas que murieron esperando una justicia que tardó demasiado y todavía sigue esquiva para 19 familias.

En un día como hoy, en que hacemos un ejercicio de Memoria, y una vez más nos conectamos con aquel fatídico 11 de septiembre de 1973 que cambió para siempre la vida de cientos de familias, agradezco los espacios de encuentro que nos permiten acompañarnos en un dolor que es colectivo y que, por 49 años, han intentado que olvidemos.

Los encuentros de esta comunidad formada por la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos de Paine, Memorial de Paine y todos aquellos que luchan por verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, agrandan el corazón, pues en el abrazo vamos volviendo este camino pedregoso un poco más llano.

En días como estos, en que por medio de la ternura vencemos el terror, la consigna es no olvidar y seguir con más fuerza que nunca exigiendo ¡justicia para Paine!